La vida de las imágenes

                                        LA VIDA DE LAS IMÁGENES

Entretejiendo.

Terminó el acto y todos se marcharon. Cada cual se encaminó a
sus asuntos. Pero ella no se movió mientras atendía a los suyos. Tanto es así, que no se percató que esta vez estaba sola, y no como otras veces; Esta vez estaba sola y sin compañía.
Miró para adentro, recogió los brazos como el que quiere resguardarse del frío y dio comienzo a su delicada tarea. Fue entretejiendo imágenes, que el tiempo había convertido en inconexas, y les fue dando forma. Apareció un hombre apuesto y elegante, y lo sentó a su mesa; Una niña con trenzas rubias y mocosa, y la peinó delicadamente ante el espejo mientras tatareaba una cancioncilla bucólica; Un prado verde con un perro saltarín, y sonrió divertida viendo sus piruetas; También se presentó una noche sin estrellas, un arcoíris lejano y difuso, y una cama anticuada y fría que parecía enorme dentro de una habitación silenciosa.
Entretejiendo, entretejiendo, sentó a la noche sin estrellas a su mesa, trasladó el arcoíris nebuloso al espejo, y cambió el vaso de leche de la mesita de noche por un ramito de flores silvestres. Solo una muesca de amargura se dibujó en sus escuetos labios; No fue demasiado marcada; Solo una pequeña muesca. La costumbre amansó los grandes gestos y los pequeños tributos a la alegría.
Como una curva que después de recorrer el zenit, declina y después se hunde en el suelo esponjoso y húmedo, concebía ahora, entre imágenes y ensoñaciones, su vida. Nadie le dio motivos para quedar suspendida y remontar antes de comenzar la caída. Mejor dicho, ahora casi nadie le dio motivos para evitar la caída; Porque el caballero apuesto con su deliciosa palabra, la niña de ojos tiernos y el perrillo loco, la acompañaban cogida de los brazos en su tranquilo descenso.
Yo la miro desde aquí y siento frío. Me gustaría gritarle: ¡La vida no es curvilínea, no es un retal zurcido! La vida, triste amada mía, es una flecha lanzada al infinito. ¿Creéis que me oiría? Yo por si acaso se lo digo.

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 Fotografía de Henri Cartier Bresson.

 

Reenganchado al tope del trole.

Yacía en la cama con su camiseta blanca de mangas largas y esos ojillos vivos que me eran tan familiares, aunque ahora brillaran con un puntito de miedo. Allí estaba, encajando un duro correctivo; Porque perdido el ímpetu, el otrora rabo de lagartija, dejó de moverse.
Lo vi tan indefenso, tan pequeño, que hasta su bigotito me pareció pintado; Como esos niños que se disfrazan de hombrecitos para las representaciones teatrales del colegio.
Por un momento lo imaginé, como tantas veces él me había contado, en pantalones cortos y reenganchado al tope del trole, satisfecho con su granujilla heroicidad; Trapicheando y esmerándose por ser el más listo de la chiquillería; Inventando argucias para escapar de la implacable correa que a menudo probaba por sus arriesgadas travesuras.
No podía entristecerme ante lo que estaba viendo porque la ternura me lo impedía; Ni podía pedir explicaciones al que dio permiso para que confluyeran tan dolorosas circunstancias, porque las evidencias de su bondad llenaban toda la estancia.
Y es que la cerradura de la puerta del cielo tiene encriptada una clave; Y esa clave solo llegan a descubrirla los niños. Es tan simple, tan rematadamente simple, que no nos atrevemos ni a imaginarla por no dejar en ridículo tantos desvelos inútiles. Él estaba en ello. Iba deletreando el enigma y al mismo tiempo desmontando todas las cifras, que como un lastre artificioso, cuantificaron toda su vida.
Todo esto me lo corroboró mi madre cuando me contó que le había dicho: ¡Niña, llama a mi padre para que venga a verme! A lo que ella contestó: ¡Juan estás perdiendo la cabeza, tu padre murió hace ya muchos años! Y él replicó: ¡Llama a Juan Manuel!
Y lo expresó así, porque el corazón ya a esas alturas, no rinde pleitesías a la razón. Esta ha bajado los brazos y el grito puede más que los argumentos.
Y sin un argumento razonable y a voz interior en grito, le dije mientras le acariciaba la cabeza: ¡No me importó tratarte y quererte como a un hijo; Todo lo contrario, hice lo que a todo hijo le gustaría hacer por su padre!

ITALY. Naples. 1948. These young Neapolitans like the danger of the strictly-forbidden practice of hanging on to the backs of street cars.

Fotografía de David Seymour.

 

Sueños de fábrica.

Mamá con los dedos agrietados por el recio cuero le abotona el pantaloncito de peto y lo recuesta después de comer, mientras las maquinas con monótono ronroneo entonan su nanita nana; El niño absorto y ajeno a todo, huésped inocente del mundo, se adormece sin pensar en el cómo, ni en el por qué. Y entra, como un airecillo oportunista el silencio, y también los espacios que impacientes esperaban su momento.
Y es entonces, llegado este punto, cuando unas nubes de arpillera bordaditas con ositos de plata se mueven por encima de su cabeza dejando caer perlitas de colores. El perrillo que le chupeteaba las orejas y le disputaba hace unos instantes la galleta, salta que salta incansable atrapando perlas; Y el olor de la camisa de su madre impregna todas las flores que brotan del sembrado cristalino y multicolor. Ahora corro ágilmente para un lado, ahora salto al vacío y me hundo en una montaña de sandalias nuevas y andarinas. Y la bicicleta azul del escaparate, sale y lo persigue implorando compañía ¿No se la va a conceder? ¡Claro que sí! Pero a cambio quiere que le deje tocar el timbre; Ese sonoro y metálico rin rin que tanto le hace sonreír cuando lo oye en la calle. Las historias se amontonan, van y vienen, y la sonrisa y el alboroto no tienen pausa ni medianía.
Entre tanto, mamá de vez en cuando hace una pausa en el trabajo, se acerca, lo mira y se dice con cierto tinte de culpabilidad: mañana haré un poco de tiempo y le contaré un cuento. Un cuento donde aparezcan príncipes y princesas, castillos y fieras, canciones alegres e historias que le dibujen bonitos sueños. Mi pobrecito solo tiene una tela de saco por cama y el olor irrespirable de la sala. ¡Dios sabrá lo que pasará por esa cabecita!
Era evidente que mamá no recordaba lo que soñaba cuando era niña y dormía en esa misma estera de la fábrica.

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Fotografía de Manuel Alvarez Bravo.

 

Miré al cielo.

Miré al cielo, velado por las lágrimas, y solo tuve dos certezas: Un gran dolor y el ardiente fuego de una promesa.  Mi amor desvanecido en el regazo dejó de mirarme con esos ojos alegres y tiernos que conmovían mi corazón; Y toda la soledad del mundo entero cayó sobre mi alma. Yo tan pequeña y esa enorme roca sobre mi cabeza.

Piedad de mí, grité, que estoy sentada sobre escorpiones; Y la sangre de mi salvador ya se derrama dibujando trazos de angustia. Sí, estáis en lo cierto, fui digna de compasión.

Pero lloré y mi llanto quedó congelado; El que ahora veis que ya no es. Gemí y supliqué al cielo, y mi consuelo quedó saciado, porque el cielo se abrió y me desbordó todo su amor.

Tenéis motivos para festejar con licor y alborozo el anticipo de las consecuencias de mi dolor, porque mi hijo, el que yacía, ahora me ha devuelto la mirada. Ahora vive, y vivo yo de su pasión.

Y tú niño, el que miras asombrado sus llagas; vives por lo que mi amado sufrió.

Y los devotos de mi piedad; su piedad os perdonó.

Y los que nos acompañáis en procesión, todos sin excepción, da igual que si es porque toca, o es por amor; no gustareis la muerte porque Él ya en vuestro lugar, murió.

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Fotografía de David Seymour.

                                   

Románticas
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Empezaré apuntando que no soy para nada misógino; Y a las pruebas me remito ya que ando rodeado de mujeres y todavía me caen simpáticas. Aunque también es verdad que me cuesta trabajo creer en la autenticidad de los sentimientos románticos que exteriorizan a bombo y platillo. Hace tiempo, ya me divertía ver a mi hermana llorar a moco tendido viendo “Love story”, “Los girasoles” o “Dr. Zhivago” y nunca comprendí que le resultara emocionante eso de que hay “un gato que está triste y azul”; Sin embargo, reconozco que con “Mujercitas” tenía motivos.
¡Eres como una espinita que se me ha clavado en el corazón, suave que me estás matando…! Como puede ser esto. Yo, la traduciría al masculino, y sería: ¡Eres como una mosca cojonera apalancada en mi salón, de puro pejiguera, me estás calentando tanto la sangre, que me dan ganas de darte un mojicón…! Bueno, eso es lo razonable que le diría una mujer a su conyugue después de unos años de casada; Vamos, cuando ya el ¡Cariñoooo..! fuera una palabra prácticamente desaparecida del vocabulario domestico. (Se nos rompió el amor de tanto usarlo, que diría el otro)
Gila lo decía más o menos así: ¡Cariño, que lunar tan expresivo y personal tienes en la nariz! Al cabo de los años: ¡Quita, que me arañas con esa verruga peluda de la napia!
Y es que el romanticismo tiene el recorrido que tiene; Y no deja de ser algo bonito hasta que se convierte en arma arrojadiza en todas las conversaciones conyugales, que por ser un poquito agrias, las denominaremos grescas. ¡Pero que te cuesta de vez en cuando decirme “te quiero”! ¡Claro, no te sale porque a lo mejor es que te importo un comino! ¡Criada es lo que quieres, pero eso ya se ha terminado, a partir de ahora te planchas tú las camisas! Pasamos de “un olvido sin mala intención” a tener que planchar; y después tener que consolar, aguantando algún que otro codazo, a tu princesita dolida por su maltrecha dignidad.
Ya lo decía Dani Rovira: “Es que a las mujeres les ocurre que están toda la vida esperando al príncipe azul, y cuando llega, resulta que no es del tono azul adecuado”. Eso es más verdad que la Biblia, que diría mi abuela.
Los hombres también tenemos nuestro puntito romántico; cuando murió Fidel Castro, lágrimas como puño; Cuando el Málaga subió a primera, el acabose, besos y abrazos para todo quisqui; Y cuando se despidió E.T. ¿eso no eran lágrimas autenticas? Sí, es verdad no queda tan bonito, pero es que a nosotros nunca nos dio por esperar a una princesa rosa, nos conformamos con una niña que nos hiciera tilín y si era de buen ver, mejor. Somos así, o nos han educado así, no sé, pero esa es la pura realidad.
De todos modos, sigo pensando que en el fondo nos gustan las mujeres románticas, y ellas lo presienten, aunque sepamos que nos estamos metiendo en un berenjenal de tomo y lomo. Eso, también es tan verdad como la Biblia; Y eso lo digo yo, aunque lo aprendí de mi abuela.

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Josefina Bakhita.

Hoy 8 de Febrero se celebra a Josefina Bakhita, la santa sudanesa que pasó de ser esclava de negreros a esclava de los más pobres por amor a Jesucristo. Bakhita “la madre morenita” como le decían sus hermanas de comunidad, o “Nuestra hermana universal” como la definió San Juan Pablo II cuando la canonizó en el año 2000, es una santa cuya vida merece la pena conocerse. Bakhita (afortunada), como la apodaron los esclavistas, después de mil desventuras y episodios de sufrimiento, acabó haciendo honor a su nombre; Afortunada porque el Señor nunca la dejó de su mano; Y la llevó, aprovechando su docilidad, humildad y gran corazón, a encontrarse con su rostro en las criaturas más desvalidas. Santa Magdalena de Canossa, su inspiración y maestra, le mostró el camino.

Y digo yo pensando en Bakhita: El amor que no se vierte como un aceite oloroso y cicatrizante se convierte en estopa de un fuego mojado. Ya vienen las esclavitudes y lo atenazan; Ya viene el miedo y lo hace tiritar; Ya viene el torrente impetuoso de lo vivo y lo diluye. El corazón no se hizo para odre sino para manantial.
¡Bakhita, que de tu corazón moreno brotó el amor más límpido y libre!
¡Y tu espalda tatuada por el látigo no despreció cargar con Cristo sufriente!
¡Ruega por nosotros!

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Un inciso. Saludos.

 

 

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Las historias de Steinbeck

Un tanto por ciento muy elevado de la estructura de una película, por no decir la base, es el guión; La historia que se quiere contar, y en la que en función de esta, giran todas las demás parcelas como: los decorados, la fotografía, la banda sonora, los intérpretes, el montaje etc. Por tanto, el éxito de una película tiene mucho que ver con la calidad del guión y con el interés depositado por el espectador en el mismo.

Dentro de la industria del cine, en general, hay buenos guionistas profesionales que dedican sus esfuerzos en crear tramas atrayentes para el público, teniendo en cuenta las sensibilidades de este, en cada momento y circunstancia cultural. Pero otras veces se recurre a las obras de los grandes autores literarios o a las obras contemporáneas que han triunfado en el teatro o en su edición en papel. Evidentemente la selección es muy meditada, ya que no todo relato tiene una fácil o aceptable adaptación al medio cinematográfico. Y por otra parte la comparación entre texto escrito y el resultado visual siempre es un hándicap considerable. De todos modos, y es una opinión personal, es extraordinariamente gratificante poder ver en imágenes esas grandes historias que algún día nos entusiasmaron leyéndolas e imaginándolas.

Hoy traigo al blog a un autor americano cuyas obras fueron llevadas al cine con resultados magníficos. Evidentemente, no solo por la calidad de los textos sino también por la excelente producción de las películas que contaron con ellos. Me refiero a John Steinbeck.

Novelista y periodista nacido a principios del S.XX que desarrolló su carrera literaria entre 1927 y  1962, año en que le concedieron el premio nobel de literatura, y cuyos relatos están impregnados de un tinte social importante. Puso su ágil pluma sobre asuntos tan trascendentales para la sociedad americana como: La gran depresión (en “Ratones y hombres”) los problemas de la clase trabajadora más desfavorecida (en “Las uvas de la ira”) o la realidad de la sociedad americana, tomando el espacio de tiempo que va desde la guerra de secesión hasta la primera guerra mundial (en “Al este del edén).

La magia de Steinbeck radica en la intemporalidad de sus relatos y la facilidad para transcribir de forma sencilla, documentada e inteligente, los acontecimientos y circunstancias que plasma.  Un placer leerlo y, cómo no, verlo traducido a imágenes en estas películas ya clásicas que os propongo.

 

CANCIONES:

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Bob Dylan y John Steinbeck un fenomenal tándem.

Mr. Tambourine man. https://www.youtube.com/watch?v=OeP4FFr88SQ

A hard rain´s gonna fall. https://www.youtube.com/watch?v=-ex-m-eEKsg

The lonesome death of Hattie Carrol. https://www.youtube.com/watch?v=1jiYVUU1RXQ

Shelter from the storm. https://www.youtube.com/watch?v=4rKEXFSw54M

Like a rolling stone. https://www.youtube.com/watch?v=-sftw5k_JRs

 

PELÍCULAS:

Al este del edén. (Fragmento) https://www.youtube.com/watch?v=crl1zJ-CbvY

“Un granjero californiano tiene dos hijos, Cal y Aron, de caracteres muy diferentes, pero ambos compiten por el cariño de su padre. La situación de Cal se complica cuando averigua que, en realidad, su madre no sólo no está muerta, sino que además regenta un local de alterne”. (Filmaffinity)

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Un drama ya mítico dirigido por el controvertido y genial Elia Kazan en 1955. ¿Quién no recuerda la magnífica interpretación de James Dean y la historia apasionante que protagoniza? La historia está considerada como una monumental alegoría sobre el problema del libre albedrío, al igual que un retrato realista de la sociedad americana de principios del siglo XX. Magnífica adaptación de la novela que obtuvo el Globo de oro. Una de las grandes que merece la pena verse unas cuantas veces.

 

Las uvas de la ira. (Fragmento) https://www.youtube.com/watch?v=B_PXiBjwi8g

“Tom Joad (Henry Fonda) regresa a su hogar tras cumplir condena en prisión, pero la ilusión de volver a ver a los suyos se transforma en frustración al ver cómo los expulsan de sus tierras. Para escapar al hambre y a la pobreza, la familia no tiene más remedio que emprender un larguísimo viaje lleno de penalidades con la esperanza de encontrar una oportunidad en California, la tierra prometida”. (Filmaffinity)

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Otro de los grandes, John Ford, adaptando una novela de Steinbeck. Fue en 1940. Ford creó un drama realista pero a la vez lírico de la gran depresión americana de principios de siglo. Una película comprometida que quiso ponerle voz y vida a los más desfavorecidos. Un gran Henry Fonda y muchas escenas bellísimas hacen de esta película una obra maestra. Imprescindible.

 

La perla. https://www.youtube.com/watch?v=P6iPo6lK9jI

“El pescador Quino (Pedro Armendáriz) y su esposa Juana (María Elena Marqués) son muy pobres y están desesperados porque el médico extranjero del pueblo (Charles Rooner) se niega a atender a su hijo Coyotito, que ha sufrido la picadura de un alacrán. Cuando, inesperadamente, Quino encuentra en el mar una magnífica perla, Juana intuye que el hallazgo sólo les traerá desgracias y trata de convencer a su marido para que la devuelva al mar. Pero él no la escucha; sólo piensa que ha llegado el momento de salir de la miseria. Así que va a ver a los comerciantes del pueblo, pero sus ofertas son tan ridículas que decide ir a venderla a la ciudad”. (Filmaffinity)

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Dramático y agónico relato dirigido por Emilio Fernández en 1947. Una adaptación impecable producida desde México para un relato ambientado por Steinbeck en esta zona geográfica.

La desesperación y la amargura de la pobreza unidas a las ansias de porvenir a toda costa; Y también un retrato desolador de la condición humana cuando el dinero y el éxito están de por medio.

 

Un saludo y hasta la próxima entrada.

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Pepa y Vito hablan de Málaga

Introducción:

Enlaces del blog para conocer a las protagonistas de esta entrevista.

https://perdidosenelsofa.wordpress.com/2015/07/02/diccionario-boqueron-aplicado/

https://perdidosenelsofa.wordpress.com/2016/01/29/te-enseno-malaga-cap-1-viernes/

https://perdidosenelsofa.wordpress.com/2016/02/12/te-enseno-malaga-cap-2-sabado/

https://perdidosenelsofa.wordpress.com/2016/04/22/te-enseno-malaga-cap-3-domingo/

 

Hace tiempo que recibo las historias de parte de Vito y Pepa, pero aunque parezca mentira, no las conocía personalmente.

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